Cómo hacer sostenible un sistema alimentario desde el área social

La semana pasada comencé hablando de qué son los sistemas alimentarios sostenibles y la necesidad de realizar este tránsito. También hablaba de algunos tips para comenzar la transformación.

Quiero ir profundizando en cada uno de ellos y hoy os quiero trasladar de qué manera podemos hacer sostenible un sistema alimentario desde el área social, más concretamente, en los resultados en la nutrición y en el estado de salud.

¿En qué situación nos encontramos?

Según datos de la FAO, 2.000 millones de personas en el mundo no tuvieron acceso regular a alimentos seguros, nutritivos y suficientes en 2019. Se trata de un problema endémico para la inmensa mayoría de países en vías de desarrollo, cuyas consecuencias son mayores entre las mujeres que entre los hombres. Por otro lado, en las sociedades desarrolladas se ha constatado repetidamente que la desnutrición es muy común y puede pasar inadvertida.

La Organización Mundial de la Salud (OMS), afirma que el consumo de alimentos no adecuados para la salud es un factor de riesgo para el desarrollo de enfermedades, como la diabetes, el sobrepeso, enfermedades cardiovasculares, cáncer y otro de tipo de patologías.

En la actualidad, un tercio de los habitantes del mundo está afectado por al menos una forma de malnutrición y más del 40% de la población mundial presenta obesidad o sobrepeso. Se calcula que, según la tendencia actual, en 2025 una de cada dos personas estará malnutrida y 40 millones de niños y niñas sufrirán obesidad o sobrepeso en el próximo decenio.

En el caso de España, más de un 40% de la población juvenil padece sobrepeso u obesidad según el informe Aladino 19 de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria. A nivel global, 1/5 muertes se puede atribuir a una dieta poco saludable y se prevé que en 2050 1/3 de la población padecerá diabetes.

¿Cuál es la diferencia entre malnutrición y desnutrición?

Aunque resulte evidente, tener una buena alimentación conlleva a tener una vida saludable. Es importante recalcar que, al no comer sano, se puede producir una malnutrición o una desnutrición en las personas.

A pesar de que la malnutrición y la desnutrición están conectadas por la escasez de alimentos en el organismo, son muy diferentes:

La malnutrición se refiere a una alimentación desequilibrada, ya sea por exceso o por la escasez de diversos componentes o nutrientes que el organismo necesita, como las vitaminas, los minerales u otros. Es más común que este desorden aparezca en regiones desarrolladas por los altos índices de obesidad y sobrepeso que sufren estos países.

También se produce en niños que no tienen una dieta sana y equilibrada, que no consumen alimentos como pescado, verduras o frutas, y centran su alimentación en productos altos en grasas y azúcares.

La desnutrición se presenta cuando una persona tiene déficit o falta de nutrientes en su cuerpo y es causada por la poca o nula ingesta de alimentos, una alimentación inadecuada, alteraciones en el proceso metabólico o de digestión, además de otros factores como excreción mayor de los nutrientes.

La desnutrición es una enfermedad grave, causada principalmente por una dieta inapropiada. Es decir, el organismo no recibe suficientes calorías y proteínas. Aunque también existen otros elementos que la originan como la mala absorción de los nutrientes.

¿Qué consecuencias tienen en nuestra salud?

Como decía al principio tener una buena alimentación conlleva a tener una vida saludable, por tanto, la falta de nutrientes nos puede llevar a graves problemas de salud, físicos y mentales; a la vez que tiene consecuencias sociales.

¿Cómo podemos mejorar esta situación?

Seguro que más de uno habréis oído la expresión de “somos lo que comemos”. Pues bien, empecemos por producir y consumir de una manera más saludable y aportando a nuestro cuerpo lo que nos falta:

  1. Elaborando productos más saludables: el incremento de enfermedades asociadas a una mala alimentación está cambiando la legislación alimentaria y cada vez hay que reformular los productos que se están elaborando actualmente; o bien, se están innovando alimentos o suplementos que ayudan a consumir alimentos más saludables. Debemos reducir nuestra ingesta en sal y azúcar. En la actualidad existen muchos alimentos saludables, pero no todos están al alcance económico de todas las personas.
  2. “Clean label”: muy ligado al punto anterior, debemos buscar soluciones a los aditivos artificiales, colorantes… y reflejarlo de manera clara en el etiquetado.
  3. Aumentando la biodiversidad: La falta de diversidad de nuestra dieta no sólo afecta la salud del campo sino también a la salud humana. Además, nos hace fuertemente dependientes de estos alimentos haciendo que nuestra dieta sea extremadamente sensible en caso de que por factores naturales (una sequía, por ejemplo) o factores humanos (una guerra) no se puedan producir. Por último,
  4. Dietas personalizadas: Hoy en día podemos conocer las carencias de nuestro organismo, y por tanto, acudir a las soluciones que existen ya en el mercado para suplirlas.
  5. Educando en casa y en los centros educativos de la importancia de llevar una saludable y su vinculación directa con la salud.
  6. Reduciendo el desperdicio alimentario, al tirar comida también estamos tirando nutrientes, con los que podríamos alimentarnos o encontrar soluciones de revalorización en otros campos como la medicina y la farmacia.

Volviendo al punto de partida, necesitamos fomentar y promover producciones más saludables desde el campo hasta la distribución, y de la misma manera en nuestros hábitos de compra para la mesa.  

Pero estas soluciones han de ser accesibles a toda la población, en la actualidad 1/3 de la población no puede permitirse una dieta saludable.

Deja una respuesta