Hay eventos que terminan cuando se vacía la sala. Y hay otros que, en realidad, empiezan ahí.
Así viví la jornada que organicé junto a María Herrero para abordar una pregunta que hoy está encima de la mesa de muchas organizaciones: cómo implementar la Ley 1/2025 de pérdidas y desperdicio alimentario sin quedarse en la teoría y sin convertirla en una obligación desconectada de la realidad operativa.
Nuestro propósito desde el inicio fue muy claro: no queríamos organizar una jornada más para hablar de la ley desde lo abstracto. Queríamos crear un espacio útil, honesto y aplicable. Un espacio donde pasar de la norma a la acción, donde compartir casos reales, ordenar soluciones y ayudar a cada asistente a identificar su siguiente paso.
Y eso fue exactamente lo que ocurrió.
El ambiente fue distendido, muy participativo y tremendamente generoso. Hubo conversación con la sala, intercambio de aprendizajes, networking y algo que valoro especialmente: se creó un clima de confianza que permitió hablar no solo de lo que ya funciona, sino también de las dudas, los bloqueos y la complejidad real que supone abordar este reto en las organizaciones.
Como organizadoras, María y yo salimos muy contentas. No solo por la acogida y por los comentarios tan bonitos que recibimos sobre la organización y el clima del encuentro, sino porque pudimos conocer aún más de cerca la realidad de empresas y entidades, sus necesidades, sus barreras y también las soluciones que ya están activando.
Una jornada para aterrizar la ley en decisiones y operativa real
La jornada se diseñó precisamente con esa intención: aterrizar la Ley 1/2025 en decisiones concretas, operativa real, casos aplicados y soluciones viables. La estructura combinó contexto normativo, experiencias de implementación, alternativas para la gestión de excedentes y un taller final para que cada asistente pudiera salir con una decisión concreta trabajada sobre su propia realidad.
Desde el principio teníamos claro que muchas de las preguntas del sector no son teóricas. Son preguntas muy prácticas:
- ¿Cómo se va a controlar el cumplimiento de la ley?
- ¿Por dónde empiezo?
- ¿Cuánto cuesta implantar un plan?
- ¿Cuál es el error más habitual?
- ¿Por qué cuesta tanto donar?
- ¿Cómo implico de verdad a los equipos?
Y por eso quisimos construir una jornada útil para quienes están en distintos puntos de madurez: organizaciones que aún no han empezado, otras que están en proceso y otras que ya han dado pasos, pero necesitan afinar su estrategia. En el propio planteamiento del evento ya aparecían tres grandes barreras: la brecha de conocimiento, el reto cultural de la concienciación e implicación, y la dificultad de medir y sostener el cambio sin añadir fricción a la operación.
Helena de Miguel: comprender el marco para poder actuar
La apertura de la jornada corrió a cargo de Helena de Miguel, Jefa de Servicio de la Subdirección General de Calidad y Sostenibilidad Alimentaria, que nos ayudó a situar el momento en el que estamos: la entrada en fase de aplicación obligatoria de la Ley de Prevención de las Pérdidas y el Desperdicio Alimentario. Su intervención aportó el marco, el alcance y las claves que las organizaciones deben tener en cuenta para abordar la implementación con criterio.
Para mí era importante empezar ahí. Porque antes de activar medidas, definir indicadores o explorar soluciones, las organizaciones necesitan comprender qué se espera de ellas, qué implica realmente la ley y por qué conviene empezar cuanto antes. Su participación nos recordó algo esencial: este no es un tema que pueda dejarse para más adelante. Estamos en un momento en el que toca pasar del interés a la acción.
Mesa 1: tres casos reales para pasar del bloqueo a la acción
La primera mesa fue uno de los momentos más valiosos de la jornada. La planteamos con un objetivo muy concreto: mostrar cómo distintas organizaciones están aterrizando este reto en sectores muy diferentes y qué patrones se repiten cuando una empresa decide ponerse en marcha. El foco estaba en tres aspectos: qué decisión tomaron primero, cómo sortearon el bloqueo inicial y qué medir para sostener el cambio.
Víctor Cañadas, Laboratorios Ordesa: empezar por un punto claro y medir con sentido
Desde Laboratorios Ordesa, Víctor Cañadas aportó la mirada de un entorno industrial y logístico, donde la calidad, la seguridad y la planificación son determinantes. Su presencia en la mesa nos permitió visibilizar que la prevención del desperdicio alimentario no es una conversación exclusiva de la restauración o la hostelería: también interpela a la industria, a sus procesos y a sus decisiones internas.
Una de las ideas que sobrevoló esta parte de la mesa fue la necesidad de hacer un buen análisis del qué, del dónde y del por qué. No se trata de actuar por intuición, sino de entender bien el punto de generación del excedente, sus causas y su impacto para poder diseñar acciones útiles.
Daniel Lois, Sodexo: hacer fácil lo correcto en operativas complejas
La intervención de Daniel Lois, desde Sodexo, nos llevó a un terreno especialmente exigente: el de las colectividades, con muchos centros, equipos amplios y operaciones vivas donde la consistencia lo es todo. En el guion de la jornada ya planteábamos esta realidad como un entorno en el que el reto es “hacerlo funcionar en el día a día con equipos y clientes”, sin cargar la operación.
Aquí apareció con fuerza una idea que después se repitió en varias conversaciones: la concienciación de los equipos no puede ser un añadido; tiene que formar parte de la estrategia. Si las personas que están en la operación no entienden el para qué, cualquier plan se queda en papel.
También salió algo muy valioso para muchas organizaciones asistentes: empezar con pruebas piloto en los centros de mayor volumen y, a partir de ahí, transferir aprendizajes al resto de centros. Es una lógica muy poderosa, porque permite aprender, ajustar y demostrar resultados antes de escalar.
Victoria Rodríguez, Ilunion Hoteles: el aprovechamiento alimentario también se construye en hospitalidad
La tercera intervención de la mesa vino de la mano de Victoria Rodríguez, responsable de restauración de Ilunion Hoteles. Su participación nos permitió poner sobre la mesa el enorme potencial que existe en el ámbito hotelero para trabajar la prevención y el aprovechamiento alimentario desde una mirada operativa, estratégica y alineada con el propósito.
En hoteles, el reto tiene muchas capas: desayunos, eventos, banquetes, variabilidad de ocupación, previsiones, experiencia de cliente y organización interna. Por eso fue especialmente valioso incorporar esta realidad al debate.
Si algo dejó clara esta primera mesa es que nadie empieza con el plan perfecto. De hecho, una de las ideas fuerza que quisimos dejar al cierre fue precisamente esa: las organizaciones avanzan cuando dejan de esperar a tenerlo todo resuelto y empiezan con una decisión concreta, operable y medible. Esa lógica estaba en el corazón de la mesa 1.
Mesa 2: cuatro soluciones para ordenar decisiones sobre el excedente
Después de la pausa, dimos un paso más. Si la mesa 1 estuvo centrada en cómo empezar, la mesa 2 la diseñamos para responder a una pregunta muy directa que aparece en muchas organizaciones: “¿qué hago con mi excedente mañana?”. La intención era recorrer un árbol de decisión completo, desde la prevención hasta la revalorización, para dar claridad operativa y ayudar a cada asistente a identificar qué solución aplica realmente en su caso.
Javier Jiménez, Effiwaste: sin dato no hay criterio
La primera parada de ese árbol de decisión fue la prevención, de la mano de Javier Jiménez, cofundador de Effiwaste. Su aportación se centró en la cuantificación estratégica del desperdicio alimentario como palanca de mejora operativa. El planteamiento de esta intervención era muy claro: medir no es pesar por pesar, sino entender qué está pasando para poder ajustar compras, producción, servicio y planificación.
Para mí, esta fue una de las claves más importantes de toda la jornada: la prevención empieza mucho antes de que el producto sobre; empieza cuando entendemos el proceso. Y eso conecta de lleno con uno de los mensajes más repetidos del día: hacer un buen diagnóstico para incorporar acciones en la estrategia.
Iván Martínez, Too Good To Go: cuando el excedente sigue teniendo valor
La segunda intervención llegó con Iván Martínez, de Too Good To Go, y nos permitió abordar una realidad muy concreta: hay producto apto para el consumo humano que no se va a vender por el canal habitual, pero que sigue teniendo valor. En el planteamiento de la mesa se presentaba esta solución como una forma de convertir el excedente comercial en oportunidad económica, conectando establecimientos con consumidores dispuestos a adquirir ese producto a precio reducido.
Aquí aparecía un cambio de mirada muy útil para las organizaciones: el excedente no siempre es un residuo; a veces es valor mal canalizado.
Este enfoque ayudó a ordenar muy bien una idea que considero clave para el sector: abordar este reto no es solo una cuestión ambiental o reputacional, también es una decisión de gestión.
Gema Escrivá, Fundación Banco de Alimentos de Madrid: la donación requiere estructura, no improvisación
La tercera solución vino de la mano de Gema Escrivá, de la Fundación Banco de Alimentos de Madrid, y fue especialmente importante para poner rigor en una cuestión que a menudo genera dudas: la donación. El guion de la jornada lo expresaba con mucha claridad: donar no es improvisar, es integrar un proceso dentro de la gestión habitual de la empresa, con organización, protocolos, trazabilidad y responsabilidad.
Este punto me parece esencial. Muchas organizaciones tienen voluntad de donar, pero se frenan por inseguridad, por falta de estructura o porque no han definido bien el proceso. Escuchar esta perspectiva ayudó a reforzar una idea fundamental: cuando el producto es apto, la decisión no es solo económica; también puede ser social. Pero para que el impacto sea real, la gestión debe ser profesional.
Alejandro Arranz, Mahou San Miguel: revalorizar es transformar la pregunta
La última intervención de la mesa 2 corrió a cargo de Alejandro Arranz, Open Innovation & New Technologies Director en Mahou San Miguel, y nos llevó al terreno de la revalorización de subproductos. El guion presentaba su aportación a partir de un caso muy ilustrativo: la transformación del bagazo, subproducto del proceso cervecero, en una oportunidad de valor para consumo humano y animal.
Esta intervención aportó algo muy potente: cuando el excedente ya no es apto para consumo humano, todavía puede existir margen para generar valor desde la innovación y la economía circular. Es una idea que amplía la conversación y que encaja perfectamente con el enfoque que queríamos dar a la jornada: no quedarnos solo en evitar pérdidas, sino aprender a multiplicar el valor de los alimentos y de los procesos.
El taller final: cuando la conversación se convierte en compromiso
Si hubo un momento especialmente transformador, fue el taller final. Lo diseñamos para que nadie se fuera solo con ideas sueltas o con inspiración difusa. Queríamos que cada persona pudiera bajar todo lo escuchado a su propia realidad. Por eso trabajamos con una ficha sencilla para identificar el foco, el bloqueo principal, un solo punto de generación de excedente, el primer paso, un indicador y las personas a implicar. El propósito era clarísimo: no salir con un plan perfecto, sino con una decisión concreta.
Y funcionó. Hubo aprendizaje entre asistentes, intercambio en parejas y conversaciones muy valiosas. Ese momento confirmó algo que creo profundamente: la implementación no empieza cuando una organización lo tiene todo claro; empieza cuando alguien se compromete con un primer paso realista.
Lo que me llevo
- La primera es que la Ley 1/2025 puede ser una oportunidad extraordinaria para mejorar la gestión, tomar mejores decisiones y profesionalizar la prevención y el aprovechamiento alimentario.
- La segunda es que este reto no se resuelve en solitario. Requiere trabajo interno, sí, pero también colaboración con grupos de interés externos: plataformas, entidades sociales, partners tecnológicos, equipos de innovación, administración y actores del ecosistema.
- La tercera es que avanzar exige tres cosas que se repitieron de una u otra forma a lo largo de toda la jornada: diagnóstico, estrategia e implicación de las personas. Hay que analizar bien qué ocurre, por qué ocurre y dónde tiene sentido empezar. Hay que integrar las acciones en la estrategia. Y hay que hacer partícipes a los equipos para que el cambio pueda sostenerse.
- Y la cuarta es que empezar por pilotos bien pensados, especialmente en centros de mayor volumen, puede ser una forma muy inteligente de reducir fricción, aprender rápido y trasladar después el conocimiento al resto de la organización.
Afrontar este reto como sector
Salí de esta jornada con una sensación muy clara: el sector está preparado para dar pasos, pero necesita espacios donde compartir con honestidad, aprender de casos reales y ordenar decisiones.
Eso fue, precisamente, lo que quisimos construir María Herrero y yo: un ecosistema de conversación, transferencia de conocimiento y activación.
Porque reducir el desperdicio alimentario es gestionar mejor. Es incorporar más criterio. Es entender que detrás de cada alimento hay valor económico, social y ambiental. Y es asumir, como sector, el liderazgo que este momento nos exige.
Gracias a todas las personas que lo hicisteis posible. A quienes compartisteis experiencia desde la administración, la industria, la restauración colectiva, los hoteles, la medición, la redistribución, la donación y la revalorización. Y gracias también a quienes estuvisteis en la sala con actitud abierta, preguntas honestas y ganas de mover algo en vuestras organizaciones.
La jornada terminó. Pero en realidad, lo importante empieza ahora.
Si en vuestra organización queréis traducir este reto en una estrategia clara, realista y adaptada a vuestra operativa, podemos acompañaros en ese proceso. ¿Estáis buscando aterrizar la prevención y reducción del desperdicio alimentario con una hoja de ruta clara y acompañamiento experto?






